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Testimonios
Aprendo Contigo INEN, 22.10.2012- 09.11.2012
Henrik Sitte, 20
2012-11-23
       El trabajo de Aprendo Contigo me parece muy importante. Mis primeros días en el  INEN, no fueron tan fáciles para mí, por que nunca he visitado un hospital donde hay pacientes tan jóvenes y además con una enfermedad tan grave. Rápidamente noté como los niños se alegraban cuando un voluntario iba a jugar, hacer tareas o manualidades con ellos. Esa alegría me facilitó manejar la enfermedad de los niños.  Los niños aprenden de nosotros y nosotros podemos aprender de ellos también.

  Aprendí que los niños, son siempre niños la única diferencia que ellos estaban enfermos.  En general quieren hacer las mismas cosas que todos los niños: pintar, jugar y  son curiosos y desean aprender cosas nuevas. A mi gustaba mucho jugar con ellos y ver como se alegraban  haciendo rompecabezas, jugar al Jenga, memoria etc.. Pero Aprendo Contigo no esta solamente con los niños, cuando están alegres, también en el tiempo de dolor y sufrimiento los voluntarios están presente, si los padres no están y eso es también un trabajo necesario, que no puede ser hecho para los doctores o enfermeras. Además, los padres son respaldados en su tiempo de espera, por que ellos pueden participar con sus hijos y ayudarlos a hacer tareas o pintar.

  Después de tres semanas en  el INEN puedo confirmar que el eslogan "Juntos haremos del tiempo de espera....un tiempo de esperanza." no solo es una frase, sino también una realidad.  También puedo decir que este trabajo no es un trabajo fácil, cada día había momentos buenos y menos buenos y después del trabajo estuve cansado ya que tuve muchas impresiones nuevas. Y por eso quiero expresar mi respeto para todos voluntarios que trabajan en el INEN, además muchas gracias por su amable acogida a todas.

Henrik Sitte, 20
Tiempo de Dar y de Recibir
Mª Victoria Santolaria, viuda  de Ruda
2012-11-19
Nací cuando finalizaba la guerra civil española –como algo anecdótico contaré que mi nombre tiene su origen en esa circunstancia. Una época de escaseces, en la que mi madre tenía que hacer milagros con los cupones del racionamiento para poner en la mesa algo nutritivo y más o menos sabroso para una familia que ya era numerosa y a la que, por razones diversas, siempre se sumaba algún que otro familiar. Era “tiempo de dar”, en el que la solidaridad se ponía de manifiesto, para ayudar, acoger, acompañar al que más lo necesitara.

Desde pequeña, escuché muchas historias de la guerra –valga la pena recordar que en ese tiempo no había TV, ni internet, con lo que las tertulias acompañaban los momentos que compartíamos a las horas de las comidas. Algunas las recuerdo tan claramente como si las hubiera vivido; por ejemplo, aquella en la que mis padres y hermanos debían evacuar de la ciudad donde residían, porque iba a ser bombardeada. Según relataban, mi madre hizo un atado con unas sábanas y algunas cosas que, sentimentalmente, quería conservar. Sus pertenencias y las de otros fueron colocadas en un gran camión; cuando ellos se disponían a subir, el vehículo arrancó dejándolos en tierra. Ahí, desprovistos de todo, tuvieron que ponerse a caminar por la vía del tren hasta  llegar a un convento de religiosas donde los recibieron para pasar la noche y reponer fuerzas. En la mañana temprano, los despedían poniendo en sus manos unos panes y unas latas de leche condensada para el camino. Fue –así nos lo contaban– momento de “recibir” y de alguien que compartía lo poco que tenía en esos momentos. Mis padres prometieron entonces que, de por vida, ayudarían  a esas religiosas en las labores sociales que realizaban. 

A partir de esa fecha, fueron muchas instituciones –las que cuidaban enfermos, ancianos o huérfanos– las que llegaban puntualmente cada mes a nuestra casa para recibir lo que, buenamente, disponían nuestros padres. Se llevaban un poco de dinerito y nos dejaban bendiciones que, de una u otra manera, las sentíamos en carne propia. Muerto mi padre –coincidiendo con una difícil situación económica–, no se perdió esa costumbre y nos siguieron visitando las religiosas, más viejitas, pero siempre sonrientes y agradecidas. Alguna vez se llevaron lo único que quedaba en la casa, pero, por ahí, alguien que nos gana en generosidad, nos devolvía “el ciento por uno”.
Muchos años después, el destino me trajo al Perú. Aquí había venido a trabajar el que era mi novio: nos casamos en Lima –agosto del año 1964. Nacieron nuestros cinco hijos pero nuestra felicidad se vio muy pronto truncada. Habían pasado nueve años desde nuestro matrimonio. Un día de Santa Rosa, amanecimos juntos, como de costumbre,  y, en la tarde, fallecía repentinamente mi esposo, en la fábrica, lejos de la casa. En unas pocas horas dio un vuelco tremendo mi vida, me encontré sola y con cinco pequeños que no entendían lo que había pasado. No me detendré en este momento –del que podría contar mucho– y solamente lo traigo a la memoria porque, nuevamente, fue “tiempo de recibir”. Los dos habíamos trabajado mucho con parejas en el Movimiento Familiar Cristiano.  Es así que, al poco de haber enviudado, una tarde llegaba a mi casa un matrimonio amigo con dos cheques que representaban lo que, en forma anónima, habían aportado las familias y viudas de este movimiento. No olvidaré nunca lo que me dijeron: “Alguien tenía que ser portador de este presente –como disculpando su presencia–; es algo que te ayudará en este tiempo en que tienes que pensar y reestructurar tu vida y la de tus niños”.  “Que tu mano derecha no sepa lo que hace o da la izquierda”. En eso pensé entonces:  Dar con generosidad, con humildad y recibir, en la misma forma, con sencillez, gratitud y compromiso para retribuir a cualquiera, no sabemos cuándo ni dónde. Nunca agradeceré bastante lo que supuso, en un momento tan especial, ese gesto generoso. Lo que recibimos fue, sin duda, muy importante y dio confianza y seguridad a mis hijos al sentirse queridos , arropados, por tanta gente.

Estas vivencias las traemos con frecuencia a la memoria por haber sido sumamente aleccionadoras.

En lo que ha supuesto este aprendizaje de la solidaridad, me he referido, hasta ahora, a mi propia familia y amigos.  Sería injusto no mencionar aquí al colegio donde me formé –la Institución Teresiana–  y  el que me acogió para trabajar hasta hace tres años en que me jubilé. En el ideario figura, como uno de sus principales objetivos, el conocer la realidad cercana y comprometerse con ella, para colaborar en la transformación de la sociedad y convertirla en otra más justa y solidaria. Puedo asegurar, desde mi propia experiencia,  que es una constante preocupación de todos los que, de una u otra forma, hemos integrado esa comunidad: el concretar esos objetivos.

Y llego, finalmente, a lo que deseo compartirles desde estas líneas. Cuando mi hija menor –Lourdes– terminó su carrera de psicología y la práctica profesional, me comunicó que había decidido hacer un internado de tres años en el Hospital de Enfermedades Neoplásicas –INEN–, para tener la especialidad en oncología. Confieso que fue para mí algo inesperado y que me hizo pensar en lo duro y difícil que podría ser para ella esta experiencia. Sin embargo, no le manifesté mi preocupación y, por el contrario, le aseguré que si sentía esa inquietud, también tendría los medios y la fuerza para vivir el día a día en medio de esa realidad. Efectivamente, no me confundí y pude comprobar enseguida cómo, tan cerca del dolor, incluso la muerte, se sentía feliz acompañando a niños, adolescentes, adultos y ancianos según iban rotando los servicios.  A menudo me compartía algunas anécdotas o vivencias en relación a su trabajo, y fue así como llegué a interesarme más y valorar esa preciosa tarea.

Como si estuviera escrito en mi destino, ocurrió que un día leí un artículo  referente a una institución –recientemente formada– que trabajaba con niños en el INEN, cubriendo las necesidades de la currícula escolar y llevando ilusión y entretenimiento a estos pequeños durante su permanencia en el hospital. Las responsables eran voluntarias que se preparaban y dedicaban buena parte de su tiempo para “hacer del tiempo de espera, un tiempo de esperanza” –este es el lema del Programa APRENDO CONTIGO, que integro  casi diez años. Si recientemente me jubilé, se preguntarán cómo lo hice… Una conversación con la que era directora del colegio entonces, bastó para que constatara cómo me entusiasmaba la idea de participar en ese voluntariado. “¿Querrías ser voluntaria?” –me dijo. “Ya lo creo –respondí emocionada–, pero mi horario no me lo permitiría”.  “Un día a la semana, saldrás más temprano; ya trabajaste mucho aquí y esa buena idea no debe perderse; ve tranquila que tienes mi permiso”. Le di un abrazo enorme y salí corriendo para llamar a mi hija y averiguar lo que haría para inscribirme. Por supuesto, pasado ese momento, continúo agradeciendo ese gesto maravilloso  que, sin duda, trascendía lo que se refería a mi persona. Antes dije que en el colegio se vivía con fuerza todo lo que significaba proyección social  y esto es una muestra.

Hace unos días, ordenando mis cajones, encontré una copia de un correo donde mi hija me anotaba el nombre de la persona encargada de entrevistarme y la dirección donde debía ir. Es cierto que soy sentimental y amante de los recuerdos pero, aún así, yo misma quedé sorprendida de que hubiera guardado ese papel tanto tiempo. Y es que, sinceramente, ese paso significó mucho para mí. A partir de ese momento, algo muy especial vino a llenar parte de mi vida.

El nombre del programa: APRENDO CONTIGO”, tiene que ver mucho con lo que ahí vivimos: Niños y voluntarios, aprendemos juntos.

Se necesita tener esta experiencia para comprender cuánto puede uno crecer y enriquecerse. Es difícil expresar lo que significa la sonrisa de un niño que, aun enfermo, se alegra con nuestra presencia y espera ansioso  las tareas que le llevamos cada mañana o cada tarde. De igual manera, el reconocimiento de los papás que acompañan y que no se cansan de agradecer lo que hacemos por ellos.

Siempre me he caracterizado por ser alegre, pero ahora miro la vida con más ilusión, con más esperanza. Es fiesta para mí cuando a un niño le dan de alta, cuando, después de muchas sesiones de quimioterapia, viene contento a despedirse y a pedir el regalo que les damos al momento de regresar  a su casa.

Nunca antes me habían llamado la atención las manualidades. Es más no me creía con la habilidad necesaria para esas tareas. He descubierto, a través del tiempo, que, con una fuerte motivación, eres capaz de inventar cualquier cosa. Hace poco, me preguntaba un chico del grupo que de dónde sacaba tantas ideas… “Creo –le dije– que Dios ve mi buena intención y me sopla en la oreja” . Y es cierto. Utilizo los materiales más increibles –muchos de los que van a la basura en otras casas– y se convierten –oh maravilla– en objetos, juguetes que encantan a los pequeños, e involucran, además, a los papás que trabajan con ellos. He desarrollado una creatividad que parece estaba escondida, hasta el punto de haber incursionado en otra actividad artística como es la vitrofusión y que ha resultado para mí una formidable terapia, además de fuente de ingresos.

Me sorprendo disfrazándome de “Payasito Plin Plin”, cantando por las diferentes salas; o de morena, celebrando el “Día de la Canción Criolla” y sacando a bailar a los niños, papás o enfermeras; de pastora, coreando los villancicos en Navidad; o de “Año Viejo” el 31 de diciembre, soltando por la ventana los deseos de los niños –prendidos en globos–  para que subieran hasta el cielo… Hay que ver cómo gozan esos momentos.  Una tarde subía en el ascensor del hospital; conmigo iban una niña con su mamá: “Tú bailaste un día con mi papá –me dijo, contenta–; te habías disfrazado de negrita”.  No pude menos que sonreir y acariciarla; había pasado un buen tiempo, y ella lo recordaba con tanta alegría.

Somos un equipo y, con todos, he aprendido también mucho: la tolerancia, el respeto mutuo, fidelidad, entrega, responsabilidad, disciplina,  compromiso. Cada uno, cada una,  tiene su tarea por la que va a responder. La amistad entre nosotros es mucho más rica por lo que nos unen otro tipo de intereses , salvando diferencias de edad o sexo.

Hace un tiempo, no habría imaginado que, en esta etapa de mi vida, estuviera desarrollando una tarea como esta que da tanto sentido a mi  existencia. 

UNEX es, igualmente, un espacio que, generosamente, nos brinda la Universidad Católica, que nos hace sentir “vivos”, en el que podemos seguir madurando y enriqueciendo, no solo a nivel personal sino para que revierta todo en nuestro propio entorno, ahí donde nos toque estar.  ¡Gracias mil por ello! 

El paso de los años ha podido achicarnos en estatura, pero nos hizo crecer en “sabiduría”. Los años vividos han sido un constante “dar y recibir”. Me siento una privilegiada por ello y no dejaré de dar gracias a Dios por haberme facilitado el camino.

Hoy, es tiempo de dar, compartir lo recibido y aprendido que es mucho, y hacerlo con nuestros hijos, nietos y personas cercanas. Ese debería ser nuestro principal compromiso.  

Desearía, modestamente,  que, a través de estos cuentos y anécdotas,  haya podido transmitirles algo que es mi sentimiento sincero: Seremos tanto más gratificados cuanto más  pongamos la atención en el otro, la otra. Recuerdo aquí las palabras del  Santo:  “Es dando que uno recibe…”.

Y termino diciéndoles:  ¡Seamos felices, haciendo felices a los demás!

Mª Victoria Santolaria, viuda  de Ruda
Alumna del Programa UNEX/PUCP   
Testimonio de Rodrigo Caceres, voluntario del Hogar Clinica San Juan de Dios
2011-07-19
Hace un mes llegó a mi turno una nueva voluntaria. Al finalizar su primer día de labor, y como quizá a muchos nos ha pasado, ella nos comentó que le había gustado lo que hizo, pero que por no ser docente tenía temor de no hacer bien las cosas.
Posteriormente, conversé con ella a través del chat, y le dije que no se preocupara ya que poco a poco iría aprendiendo, por eso somos “Aprendo Contigo”. A partir de ello pensé en la pregunta que Carol nos dejó: ¿Qué he aprendido en Aprendo Contigo?”
Me costó responderla. Para ello, tuve que recordar muchas cosas.
En primer lugar, aprendí a ser amigo, cosa que antes de ingresar AC me costaba mucho. Tuve que aprender a acercarme a los demás y pensar en lo que podía estar sintiendo, no yo, si no esa persona. Aprendí, con ello, a ser empático.
Aprendí a sonreír… Y eso me ayudó a hacer sonreír a otros. Recuerdo a una pequeña, de unos 4 años, a la que conocí en el INEN, el primer viernes que estuve ahí. Noté que ella sentía algo de temor al verme. Luego de pensar en qué hacer, hice algunos juegos con títeres, muecas, qué se yo… Algo le tuvo que gustar, pues al final me sonrió… Y lo que sentí con esa sonrisa no lo había sentido con nada anteriormente, ni lo he vuelto a sentir… Agradezco, por ello, a todo el equipo de los viernes por la tarde por enseñarme a llegar a cada uno de esos angelitos que tenemos en el INEN.
Aprendí también a confiar en los demás… y también a ser más juicioso. Esto debido a que, por confiado, se llevaron 2 libros de la biblioteca ambulante que teníamos en el primer piso, la cual estaba a mi cargo. Tuve que aprender, a partir de ello, a ser más responsable con lo que se me encargaba.
Tuve la suerte de estar en las cuatro aulas que llegamos a tener. Con eso, aprendí y comprendí que muchas veces las situaciones difíciles por las que podamos estar atravesando, en ocasiones, son nada si las comparamos con estar internados, lejos de casa, en una clínica, un hospital, un albergue o recibiendo una quimioterapia.
Estoy aprendiendo a confiar en mí mismo, y eso se lo debo a mis amigas… Lo siento, pero aquí la mayoría es mujer.
AC me ha dado mucho, y es por eso que sigo aquí. Enseño, pero más aún aprendo.
Felizmente tengo un buen equipo, muy buenas amigas.
Carla, de quien aprendí y aprendo que quien no vive para servir no sirve para vivir. Gisella, Marisol, Amalia, Pilar, Malili todo el equipo que formó esto que somos, y en cuya labor confiamos para seguir trabajando como lo venimos haciendo.
Martha, Carmen, Milagros… quienes día a día nos enseñan a dar buena parte de uno por aquellos que más lo necesitan, a quienes muchas veces apenas y conocemos.
En sí, todos los que formamos parte de Aprendo Contigo me enseñan algo; en sí, todos aprendemos de alguien. Y alguien de quien aprendo siempre: Soledad. El día que llegué a San Juan, ella nos dijo: “Si piensas en lo que tiene el niño, en su enfermedad, no podrás ayudarlo; trasciende, sé creativo en tus clases para que él se beneficie”. Si no fuera por ella, quizá no sabría la mitad de lo que creo saber ahora.
Alguien de quien aprendimos todos, en especial en San Juan, fue de Marden. Día a día, él nos demostró que con fuerza de voluntad y ganas de seguir adelante, las cosas no son tan duras como parecen. Compartimos con él más de 5 años, y si bien hoy ha dejado un gran vacío, pues regresó con su familia, la experiencia vivida con él nos deja una gran lección de vida.
Y esta mañana, al dirigirme al INEN, me ocurrió algo. Bajaba del vehículo cuando una pequeña mano tomó la mía. Vi que se trataba de un niño, de unos 6 años, al que no había visto antes, pero me agarraba fuertemente. Su mamá, al ver esto, me dijo: “Es que lo ha reconocido por el mandil”. Hizo que lo llevara de la mano, hasta la puerta del hospital, y no recién ahí me soltó. Era la primera vez que lo veía, pero +el confió en mí sólo al verme con el mandil,
¿Qué he aprendido en Aprendo Contigo?
A vivir. A darle sentido a mi vida, viviendo para mí y para los demás. Dando todo de mí para el bienestar de otros.
Creo que de esta manera, todos los que estamos aquí, estamos dejando huella en este camino que es la vida.
Continuemos aprendiendo, y haciendo del tiempo de espera, un tiempo de esperanza.
Testimonio de Shadia Najarro, voluntaria del INEN 2011-07-19
“A los voluntarios no se les paga, no porque no tengan valor, sino porque no tienen precio”

Buenos Días, soy Shadia, voluntaria del turno sábado tarde en INEN, quiero invitarlos a cerrar los ojos un momento… y pensar en todos los tipos de voluntariado que conocen, ahora, imaginen un mundo sin voluntarios y todo lo que eso significaría…

Lograr “hacer del tiempo de espera un tiempo de esperanza” es mucho más que una bella frase, es ayudar a nuestros niños en su lucha contra la enfermedad; es prestarles nuestra voz, para que sean eso, niños, y no sólo enfermos.

A niños como Kenzie, paciente del INEN, a quien le habían tenido que amputar el brazo derecho, él era diestro, pero le contó a la voluntaria de verde que él estaba decidido a aprender a escribir con la otra mano y le mostró un cuaderno grande lleno de ejercicios que había estado practicando para lograr su propósito, luego de esto, con el único brazo que le quedaba y el cual recién estaba aprendido a usar, ayudó a pintar a Piero, su compañero de sala, y dijo que el domingo quería ir a misa para agradecerle a Dios, porque aunque le faltaba un brazo, estaba vivo .

Aprendo Contigo es eso, aprender a comprender lo afortunados que somos de poder vivir estas experiencias; de poder acompañar a Kenzie, aún en el sufrimiento, porque despierta nuestra sensibilidad y eso nos hace verdaderamente humanos, nos motiva, y esa motivación se traduce en compromiso.

Estos 9 años en Aprendo Contigo han sido un regalo para mí y me han permitido aprender a darle un nuevo significado a la vida, y descubrir “la alegría de servir”, porque “la recompensa de una buena acción es haberla hecho”, porque “al ayudar a otros te ayudas a ti mismo”.

Para finalizar, quisiera compartir con ustedes unas palabras de la Madre Teresa de Calcuta:
“Lo importante no es cuanto hacemos, sino cuanto amor, cuanta honestidad y cuanta fe ponemos en lo que hacemos.”

Gracias 
Shadia Najarro Laura
Testimonio de Angelica Ramirez, voluntaria del INSN
2011-07-19
Queridas amigas:
Muchos que me conocen se sorprenderán verme parada aquí, frente a todos Uds., ya que, hablar en público no es lo mío, pero, afortunadamente existe el papelito y lapicero, que me ayudarán a expresar todo lo que quiero compartir con Uds.
Mi nombre es Angélica, soy voluntaria de Aprendo contigo Hospital de Niño.
Me gustaría compartirles mi llegada aquí, recuerdo que cuando llegué al inicio mi compromiso fue de 1 día…luego fueron 2 … después… al ver la necesidad de voluntarios pasaron mis días a ser 3, luego, el vínculo afectivo con todos los niños y el trato tan especial que tenia Marta con todas nosotras , hicieron que estos se convirtieran en 5 días a la semana… hasta el día de hoy, que ya cumplí dos años en las aulas hospitalarias.
Debo confesar que no fue fácil al inicio, ya que tengo un trabajo de mucha responsabilidad, pero se dio, y ahora Aprendo Contigo es parte de mi vida.
La convivencia y el día a día con los niños, cambiaron mi vida, me bajaron de la nube en que vivía.. y me hicieron pisar tierra firme, reconociendo que mis problemas no son problemas, sino exquisiteces tontas a las que muchas veces le damos la importancia que definitivamente NO TIENE. Personalmente esta convivencia en el hospital me enseñó a valorar, y apreciar lo que tengo a mi alrededor, me enseñó a reír, a vivir, a descubrir cosas de mí, que jamás me imaginé que haría, como por ejemplo pararme en medio de una sala y contar cuentos, a tal punto de poder captar la atención de niños y adultos y hacer que lo disfruten… ni siquiera lo hice con mis hijos… fue su papá quien contaba los cuentos… Y aprovecho esta oportunidad para agradecer a Cindy, ya que viéndola y escuchándola… aprendí a hacerlo.
Si nos ponemos a pensar lo que significamos los del mandil verde, para todos estos niños… mi respuesta sería… AMOR, ENTREGA, AMISTAD…
Cada sonrisa, lágrima, dolor, cada cuento, canción, las tareas del día a día.
Frases como:
Srta./miss , hoy no quiero trabajar!, o el … No tengo dinero para pagar el hospital…Miss. la quiero mucho… profesora! profesora! Vienen el sábado?... todo esto es APRENDO CONTIGO.
Es una bendición para nosotras haber conocido niños como Nayeli, Cristina, Milagros, quienes ya no están, pero tuvimos la dicha de darles mucho amor y alegría antes de su partida. Randy que siendo un joven cuadrapléjico, ya publicó su primer cuento, y que decir de nuestra líder Lady…todos ellos una bendición para nosotros.
Parte de todo mi aprendizaje fue conocer personas como Marta, quién es mi maestra, por todo lo que aprendo de ella… su particular manera de ver la vida…quien nos ensena que vivir es reír, que olvidarse de las cosas o cambiarles el nombre, es divertido, o , preguntar más de una vez por esto o aquello, es parte de la vida!!! . Gracias Marta por estar ahí, siempre con nosotros.
Quiero terminar, agradeciendo al Programa, por permitirme ser parte de este gran proyecto de vida. Aprendo Contigo no son solo aulas hospitalarias para todos nuestros niños, sino también son enseñanza de vida para todas y cada una de nosotras…
Asistentes Educativos
2010-11-11
Creo, personalmente, que Aprendo Contigo ha logrado entender y traducir el lenguaje de los niños,   transformar el sentido de “estar” en el Hospital, ofreciendo a miles de niños y niñas la oportunidad de encontrarse en un ambiente adecuado a su necesidad de seguir jugando y aprendiendo, aún a pesar de las enfermedades.

Mis primeros encuentros con los niños del Hospital, exactamente con los que residían en aquella época en el Pabellón de Neumología, cambió mi perspectiva acerca de la vida, me cuestionó acerca de mi estilo de vivirla, de aquello que podía yo vivir sin valorarlo en lo más mínimo, y en aquello de lo que ellos se restringían sin añorarlo como deberían, ya que eran motivados internamente por el placer del juego con este entorno y por las relaciones estrechas que habían establecido con las admirables personas del voluntariado. 

Experimenté una gran oportunidad de aprendizaje al conocer a Cristina, una niña que a sus cortos siete años, me enseñó mucho de la vida. Ella, por su dolencia, reside  en un cuarto oscuro, aislada de los demás, sin tener la capacidad de ver, ya que la enfermedad dañó sus ojos y todo su aprendizaje se debe a lo  recepcionado auditivamente y procesado por una mente asombrosa, realmente hábil. Cada encuentro con ella era de mucho disfrute para mí, aunque al principio me costó lágrimas asimilar su situación, nuestras conversaciones y clases hacían que el cuarto oscuro se llenará de luz con sus risas. Recuerdo con alegría una de nuestras reuniones, en la que la tomé de la mano, y ella, como respuesta, intentó mirarme con sus manos al tocar mi rostro. Fue una experiencia maravillosa, fascinante y sumamente enriquecedora. Aún anhelo en estos días, encontrarme nuevamente con ella.

Este encuentro personal con los niños del Hospital, me proveyeron de conocimientos profundos acerca de la vida, cambiaron mi perspectiva de la misma y me enseñaron a vivir adoptando sus actitudes realmente admirables.

No puedo dejar de mencionar el despliegue de sonrisas, la amistad y la comprensión de cada una de las chicas y chicos que participan en el voluntariado de Aprendo Contigo, el equipo que comprende este asombroso programa es la columna vertebral de la trayectoria de estos años de trabajo con los corazones de muchos niños y niñas que siguen jugando y aprendiendo dentro del Hospital, y de muchos otros que regresaron  a casa sanos y con muchos nuevos conocimientos y vivencias, y aún de aquellos que vivieron sus últimos días, llenos de sonrisas.

Gracias
Voluntarios Educativos - Richard Cross 2010-11-11
Testimonios de los alumnos del Bachillerato Internacional del colegio Pestalozzi al termino de sus actividades del programa "CAS" (Creatividad, Acción y Solidaridad )

Encargado Richard Cross

"Mis alumnos son otros chicos, se han convertido en hombres y mujeres con corazones hermosos y nobles.
Testimonios de los alumnos participantes del Colegio Pestalozzi. 2010-11-11
He aprendido que todos merecen la felicidad y tener buenos momentos. Aprendí que uno no es lo que aparenta sino que dentro de cada uno hay una gran persona.

Me encontré con la idea de que no tenía un mal corazón.

Aprendí que tengo mucho que dar y que puedo hacer que alguien sonría. Aprendí además que todos somos capaces de conectarnos y entender a las otras personas y que no son diferentes a nosotros.

Aprendí que existe una realidad distinta a la que vivo y lo fácil que puede ser hacer sonreír a un niño.

Aprendí a tratar a alguien que no siempre pasa los días alegres pues sufre una enfermedad; y poder hacer que sonría.

Aprendí que puedo dar diversión, cariño por parte mía y que me gusta mucho jugar con ellos.

Aprendí que puedo ser una persona cariñosa con los niños y al mismo tiempo ser diversión para ellos. Además sobre mis compañeros aprendí que todos pueden ser personas que apoyen y realicen una acción benéfica para otra persona y que son buenas personas.

Aprendí lo frágil que puede ser la vida, lo mucho que debemos valorarla y los afortunados que somos al haber nacido en hogares privilegiados.

Yo aprendí que es muy satisfactorio dar cariño y recibirlo. Aprendí que hay niños con muchos problemas y sólo necesitan este cariño (emocionalmente) para obtener una sonrisa de los demás. Aprendí que hay muchas ganas para ayudar.
Voluntarios Extranjeros

Testimonio de Grace Jin, estudiante de Harvard sobre su pasantía realizada durante los meses de Junio y Julio 2009 en Aprendo Contigo.

Mi experiencia en Aprendo Contigo – Gracie Jin
2010-11-11
Verdaderamente, llegué a Perú sin muchas expectativas—no sabía casi nunca del país, y aunque hubiera visto la pagina web de Aprendo Contigo, tampoco no sabía mucho del trabajo. Por eso, desde el momento que llegué al país, me sorprendía de todas las cosas hermosas peruanas que encontraba cada día: mi familia peruana buenísima, toda la gente amable, la comida rica, las frutas exóticas, las sierras bellas y desiertos vastos y impresionantes. Sin embargo, encima de todas estas cosas maravillosas está el trabajo con Aprendo Contigo: conocer a los niños lindos y valientes y a las coordinadoras increíbles de San Juan y del Hospital de Niños, Soledad y Marta, era una privilegia inolvidable.

Durante estos dos meses, trabajé en tres sitios diferentes con tres personalidades muy distintos, y cada aula me impactó en una manera especial. En el Hospital de Niños, trabajé en cuatros salas diferentes, muchas veces al lado de la cama del paciente, y miraba como se cambió la sala de medicina a una aula—desde un lugar de pastillas y doctores a una de sonrisas, juegos, y aprendiendo. En la Posadita me rellenaba cada jueves con una gran energía por los niños vivados y curiosos, que siempre me hacían sonreír. En la aula San Juan me inspiraba cada vez que veía las caras valientes de los niños—que ellos a pesar de que tengan discapacidades permanentes tienen tantas ganas de vivir y de querer. Además, me afectó mucho ver como se cuidan y se preocupan las coordinadoras a los niños y su bienestar, como les amaron como si fueran sus propios hijos. De todos los niños, de los voluntarios y las coordinadoras, aprendí que la gente peruana es increíblemente amable, y siempre están apoyando uno a los otros.

También aprendí de esta experiencia que un hospital no tiene que ser un lugar triste, que los niños enfermos son llenos de una capacidad enorme para la vida y la felicidad. Como pienso ser doctora, este conocimiento es invalorable. Aprendí que la experiencia de trabajar con niños enfermos es una experiencia amarga-dulce, llena al mismo tiempo de la tristeza y de la alegría. Por un lado, era un gran placer trabajar con los niños cada día, sin embargo cuando regresaba a mi casa, me acordaba que detrás de cada sonrisa adorable era un historia muy triste, unos mas tristes que otros, porque muchos de los niños además de tener problemas con la salud, no tienen familias ni recursos afuera del hospital. Los niños que conocí verdaderamente eran y todavía son una inspiración para la vida y para la felicidad.

Muchas gracias a todas las coordinadoras—a Carla, a Marta, a Soledad—por esta experiencia buenaza, y por todo su apoyo y cariño a esta chinita gringa. Espero que Aprendo Contigo tenga un futuro alegre y  brillante. 
Testimonio de Rose Leonard, estudiante de Harvard sobre su pasantía realizada durante el periodo del 26 de Junio al 11 de Agosto de 2006 en Aprendo Contigo, gracias al convenio con el Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller Center del Harvard College.
2010-11-11
Aunque estoy terminando mi "A.B." en ciencias políticas, quiero ser médico y voy a entrar a la escuela de medicina el próximo año. Entonces, quería hacer un voluntariado en los hospitales porque me encanta aprender el sistema de salud con la más amplia perspectiva no solamente como parte de una investigación. Gracias a Santiago Dañino, me puse en contacto con Carla Cavassa la coordinadora general de Aprendo Contigo. Vine a pasar 7 semanas trabajando en los hospitales con niños enfermos, tuve la oportunidad de visitar los tres sitios: Inen, Hogar Clínica San Juan de Dios y La Posadita del Buen Pastor. He disfrutado mi tiempo en cada sitio y extrañaré a todos los voluntarios y chicos.

INEN:  Mi experiencia en INEN fue muy divertida porque trabajé en las mañanas y las tardes, así conocí a las coordinadoras y las voluntarias de casi todos los turnos. Me sentí muy cómoda cuando estuve en INEN porque todas las voluntarias eran muy amables y simpáticas. La organización de las coordinadoras me sorprendió mucho. Me encantaron todos los trabajos manuales que prepararon los niños. Mi experiencia fue muy linda en INEN y me encantó estar en un hospital nacional porque me fascina como funciona el sistema público de salud. Sin embargo, no me sentí muy necesitada como voluntaria. El programa de Aprendo Contigo funciona muy bien en INEN gracias a todas las voluntarias maravillosas.

Hogar Clínica San Juan de Dios:  De los tres sitios creo que mi trabajo en San Juan de Dios  ayudó más a los chicos y al programa de Aprendo Contigo. Tuve la oportunidad de enseñar inglés en la clase. Este entusiasmo me motivó a venir a la clínica con muchas ganas de enseñar. Enseñé la clase por inmersión y sólo hablé con los chicos en inglés. Cuando entré a sus cuartos, los saludaba diciéndoles "Good Morning". En cada oportunidad que tenía, usé el inglés con los chicos y siempre trataron de saludarme y contestar mis preguntas en inglés. Creo que la mejor forma de aprender un idioma es por inmersión con un hablante nativo del idioma. Además de mi experiencia en la clase, me encantó Soledad porque es una persona hermosa por su actitud y su cariño con los niños. También disfruté aprender con ella cómo tomar micros, ahora se cómo hacerlos y me encanta. Creo que hay una necesidad de enseñar inglés a los pacientes; recomiendo que vengan otros voluntarios americanos para reforzar las clases de inglés.

La Posadita del Buen Pastor:  Los niños de La Posadita son preciosos y me encantó estar con ellos porque tenían mucha energía.

Mi experiencia con Aprendo Contigo superó mis metas para mi pasantía, sinceramente he disfrutado mi tiempo con cada niño y con cada voluntaria. Estoy infinitamente agradecida a Carla por recibirme en este programa maravilloso y por apoyarme durante mi pasantía. También agradezco a Marisol, Soledad y Carmen por darme la bienvenida y la orientación en cada sitio.   Gracias por esta oportunidad de compartir parte de mí con los niños!, Les aseguro que ellos me han enseñado mucho.
Testimonios de voluntarios alumnos de la Normal de Monterrico - Lizeth Alva
2010-11-11
“La experiencia en Aprendo Contigo la resumiría con la palabra amor. Al llegar a este programa aprendí a dar más amor de lo que yo esperaba. Gracias, Aprendo Contigo” 
Testimonios de voluntarios alumnos de la Normal de Monterrico  - Mercedes Ugaz
2010-11-11
Cuando fui por primera vez a la clínica San Juan de Dios me sentía muy nerviosa, porque era la primera vez que hacía voluntariado y de pensar que iba a estar en un hospital creí que iba a ser un poco difícil, pero pasó todo lo contrario, desde el primer momento que estuve con los niños sentí todo el cariño y el amor que trasmiten, una sonrisa de agradecimiento me hace sentir que tengo un compromiso con ello.

El ir todos los viernes me hace crecer, es una gran satisfacción ser testigos de su mejoría, darles aunque sea unos momentos de diversión y sentir que ellos disfrutan de tu compañía es algo muy reconfortable. Además, he aprendido muchas cosas de ellos y he llegado a tenerles un cariño y amor especial. Por último, me gustaría agradecer al programa “Aprendo Contigo” por esta oportunidad que me da de ser parte de ellos, y por la amabilidad y amor con los que nos acogen”
Testimonios de voluntarios alumnos de la Normal de Monterrico - Jimena Cabrera
2010-11-11
“Trabajar en la clínica San Juan de Dios, así sea por una hora o un mes, cambia la manera en la que una persona percibe el aprendizaje y la educación, cambia la manera de ver las cosas, ya que a través de nuevos ojos podemos ver que el mundo es donde todos debemos desarrollarnos y en el aula hospitalaria de San Juan de Dios les damos a los niños las herramientas para que, cuando se reintegren a su comunidad, continúen desarrollándose en ella”.
Testimonios de voluntarios alumnos de la Normal de Monterrico - Iris Breña 2010-11-11
“La experiencia de trabajar en la clínica “San Juan de Dios” no la cambiaría por nada. No se imagina todo lo que esos niños maravillosos me han enseñado. Llegué ahí por la invitación de una amiga, al comienzo no sentía la convicción de ir, pero con tan sólo pisar ese lugar y observar la mirada de los niños, quedé impactada y algo surgió en mí. Es desde ese día, mayo del año pasado, que acudo constantemente y siempre con mucho entusiasmo y con más ganas de jugar, enseñar y aprender. No se imaginan todo lo que pueden aprender de cada niño y lo mejor de todo es que descubrí muchas cosas que tenía guardadas en mi interior. Yo no sabía que tenía el don de la escucha y nunca creí que los niños confiarían en mí. No sabía que podía cargar bebés y si vieran ahora lo mucho que disfruto hacerlo. Trabajar con niños con diversas necesidades especiales me volvió más cariñosa, se los cuento a ustedes, ya no tengo temor a dar un abrazo. ¡Cuánto me han enseñado! Me siento muy gratificada pues, a la vez, he conocido a gente maravillosa, como lo son Soledad y Rodrigo. Algo más que no puedo dejar de decir es que he conocido más a mis amigas voluntarias, pues veo en ellas maravillosas cosas y la gran capacidad que tienen para desenvolverse en diversas situaciones. Para concluir, quisiera decir que hasta el día de hoy mi corazón late cada vez que veo a mis niños, algunos se van, pero queda en mi corazón sus carcajadas, sus acciones, sus ganas de vivir la vida al máximo. Estos niños son mis maestros. ¡Los amo!”
Testimonios de voluntarios alumnos de la Normal de Monterrico - Carmen Fretelli 2010-11-11
“Mi experiencia en el voluntariado “Aprendo Contigo” fue muy gratificante e inolvidable, ya que la sonrisa y el cariño que te transmite cada uno de estos niños es imborrable de mi mente y de mi corazón. Yo, como voluntaria, puedo reconocer que he aprendido mucho de estos niños, ya sea por la fuerza, la paciencia y la lucha constante que ponen en cada una de sus terapias físicas, como también la alegría y el amor infinito que siempre te transmiten como forma de agradecimiento por permanecer con ellos. Por todo ello, yo me siento muy contenta y agradecida de poder compartir un poco de mi tiempo con estos niños, que para mí son una bendición de Dios”. 
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